Chevengur (II)

Chevengur2

Kopionkin salió a por el caballo. Era éste un animal muy robusto, más propio para transportar troncos de árbol que personas. Habituado a su dueño y a la guerra civil, el animal se alimentaba de cercas construidas de ramas tiernas y paja de los tejados, y se contentaba con poco (…) Kopionkin sentía un gran respeto por su caballo, y en cuanto a estima, éste ocupaba el tercer puesto: Rosa Luxemburgo, la Revolución y el caballo.
¡Salud, Fuerza Proletaria!– Le dijo Kopionkin a modo de saludo al caballo, que resoplaba atiborrado de tosco alimento-. ¡En marcha hacia la tumba de Rosa!

(Andréi Platónov, Chevengur)

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